Los números 23 y 24 de Leinster Garden no existen, son sólo una fachada construida en la segunda mitad del XIX, que esconde las vías del metro. Por entonces todavía funcionaban con vapor y necesitaban espacios de ventilación al aire libre. Para evitar accidentes de peatones, y para no afear el lujoso barrio se levantó este ingenioso decorado, con sus puertas falsas sin buzón y los cristales de las ventanas pintados de gris. La ilusión está realmente lograda, y se ha conservado así durante más de un siglo y medio. Sólo la falta de tejado la delata un poco.
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