sábado, 18 de enero de 2014

La Dama de Shalott


La Dama de Shalott es un poema de Tennyson sobre una de las histórias artúricas, que a los prerrafaelitas les gustaba mucho y sobre la que Waterhouse realizó tres lienzos.

La Dama de Shalott era uno de esos seres, ni humana ni hada, que vivía en lo alto de una torre cerca de Camelot. Una maldición le impedía mirar directamente el mundo, así que pasaba el tiempo observando un espejo mágico que tenía consigo, a través del cual podía ver el pueblo vecino, a los caballeros de Arturo, los músicos, el mercado o los árboles. Luego tejía aquellas escenas que más le gustaban en ricos tapices. El mundo de la Dama de Shalott tenía colores brillantes, pero no se movía ni tenía sonidos. Y el mundo real eran sólo sombras tras un cristal. Ella estaba harta de sombras.

Un día, mirando en su espejo, vio a Lanzarote paseando a caballo cerca de su torre, al mismo tiempo que escuchó el ruido de los cascos a través de la ventana. Y no lo aguantó más: se levantó del telar -con los hilos de colores enredándose en su falda- y, sabiendo lo que le costaría, miró directamente al caballero pasar bajo su torre.

El espejo se  partió de parte a parte (Esta frase gustó mucho a Agatha Christie) y ella supo que iba a morir. Salió de su castillo y buscó un bote en el que escribió su nombre y, en él, intentó llegar a Camelot. No lo consiguió con vida, aunque Lanzarote pensó que ella había sido muy hermosa.



Los cuentos prerrafaelitas nunca acaban bien.







No hay comentarios:

Publicar un comentario